EL MISTERIO PROFÉTICO DEL REMANENTE DE ISRAEL Y SU PAPEL EN LOS TIEMPOS DEL FIN
Al adentrarnos en las verdades escatológicas de las Sagradas Escrituras, es imprescindible colocarse, en sentido figurado, un traje de buzo para descender a las profundidades de la revelación divina. Abordar estos temas demanda una mente atenta y un corazón dispuesto, pues no se trata de doctrinas superficiales, sino de misterios que han estado guardados en el consejo de Dios. En diversas ocasiones he dedicado horas enteras de estudio y ayuno para desglosar con minuciosidad este tema, pero el propósito fundamental aquí es exponer con claridad y solidez qué significa El remanente de Israel.
Para cimentar este estudio, es vital partir de textos clave como 1 Reyes 19:18, donde Dios le declara a Elías que ha reservado siete mil hombres cuyas rodillas no se doblaron ante Baal ni sus bocas lo besaron. Asimismo, en el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo escribe en Romanos 2:28-29 que no es judío el que lo es en lo exterior, ni la circuncisión es la de la carne, sino el judío que lo es en lo interior, con una circuncisión del corazón en espíritu. En Romanos 9:6-7 y 27 se nos recuerda que no todos los que descienden de Israel son verdaderamente israelitas, y que aunque el número de sus hijos sea como la arena del mar, tan solo el remanente alcanzará salvación.
Pablo añade en Romanos 11:25 un misterio profundo para evitar la arrogancia: ha acontecido a Israel endurecimiento en parte hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles, y luego todo Israel será salvo. Este panorama se complementa con Apocalipsis 5:9-11, donde se proclama la redención por la sangre del Cordero de gentes de todo linaje, lengua, pueblo y nación, haciéndonos reyes y sacerdotes para reinar sobre la tierra. Analicemos paso a paso cómo se desenvuelve este plan eterno.
¿Qué es exactamente El remanente según las Escrituras?
A lo largo de toda la historia de la nación de Israel se puede discernir la presencia continua de un remanente, es decir, de un Israel espiritual dentro de la nación étnica judía. Pablo fue muy enfático al declarar que no todos los que descienden físicamente de Abraham son linaje espiritual; la salvación siempre ha dependido de la fe y de la gracia divina, no de la genealogía ni de la carne.
En primer término, El remanente representa a un Israel espiritual, lo cual significa que está compuesto por individuos nacidos de nuevo. Sin un nuevo nacimiento, como enseñó Jesucristo, nadie puede ver ni entrar en el reino de Dios. Por consiguiente, ser descendiente consanguíneo de Abraham no garantiza la vida eterna si no existe la circuncisión del corazón obrada por el Espíritu.
En segundo término, la palabra remanente denota un resto pequeño. En diversas épocas críticas de la historia bíblica, este grupo estuvo constituido apenas por un puñado de personas piadosas, temerosas de Dios, que guardaban con celo sus mandamientos. Es un grupo que muchas veces permanece invisible a los ojos humanos; únicamente Dios conoce quiénes son, dónde están y cómo preservan su fidelidad.
"No todos los que descienden de Israel son israelitas; la salvación no es por obras ni por linaje de sangre, sino por la gracia soberana de Dios mediante un corazón transformado."
Nadie, ni siquiera dentro del pueblo judío, es justificado por las obras de la ley. El remanente es escogido exclusivamente por gracia. La gracia implica una elección soberana de Dios, operada a través de la fe y el renacimiento espiritual, manifestando que el Señor siempre ha mantenido encendida la llama de su verdad aun en medio de las generaciones más perversas.
El rastro histórico del remanente en el Antiguo Testamento
La presencia del remanente fiel no es una idea novedosa de los últimos tiempos; ha dejado una huella indeleble a través de los siglos de la historia bíblica. Cada vez que la apostasía parecía devorar por completo a la nación, Dios guardaba para sí un remanente inquebrantable.
Los siete mil en los días del profeta Elías
En los días del profeta Elías la nación atravesaba por una de sus crisis más oscuras bajo el reinado de Acab y Jezabel. La apostasía reinaba por doquier y la mayoría de los israelitas se postraba ante Baal y Asera, demostrando que la apostasía conduce inevitablemente a la idolatría. Elías se sentía completamente solo y abrumado, creyendo ser el único defensor de la causa divina sobre la tierra.
Sin embargo, la
