JOVEN, APÁRTATE DEL MAL

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La juventud reúne oportunidades, preguntas y presiones que merecen ser tomadas en serio. Un consejo puede ser necesario, pero primero hace falta espacio para hablar. La familia y la iglesia pueden acompañar mejor cuando escuchan con atención, reconocen la dignidad de cada joven y ofrecen orientación bíblica que se pueda aplicar a situaciones concretas.

La alegría puede caminar junto al bien

Eclesiastés 3:12 sitúa la alegría junto a hacer el bien durante la vida. Esa relación permite examinar una idea frecuente: creer que cualquier experiencia agradable tiene que ser conveniente. La sabiduría invita a considerar sus consecuencias, la manera en que trata a otras personas y la libertad con que podemos aceptarla o rechazarla.

Antes de tomar una decisión, un joven puede preguntarse si necesita mentir para sostenerla, si alguien está presionándolo y si afecta su seguridad o la de otro. Esas preguntas ayudan a pensar con calma. La orientación cristiana puede ofrecer razones y acompañamiento, además de señalar límites.

Disfrutar de la amistad, aprender, practicar un deporte y desarrollar capacidades son oportunidades valiosas. Una vida de fe también puede dar lugar a la creatividad y al descanso. Conviene formar hábitos que permitan agradecer lo bueno y reconocer a tiempo lo que empieza a hacernos daño.

Las amistades se reconocen por el trato

Proverbios 13:20 invita a considerar la influencia de quienes nos acompañan. Elegir amistades con sabiduría incluye observar el trato cotidiano. Una relación sana permite expresar desacuerdo, respeta los límites y no exige humillar a otros para pertenecer a un grupo.

Si una persona amenaza, manipula o utiliza un secreto para controlar, hace falta buscar apoyo. La presión puede aparecer en conversaciones presenciales y también en mensajes privados. Pedir ayuda a un adulto confiable es un paso responsable; nadie tiene que enfrentar solo una situación que le cause miedo.

La iglesia puede enseñar a poner límites y ofrecer espacios de compañía seguros. Los líderes necesitan escuchar con respeto, cuidar la confidencialidad dentro de sus responsabilidades y actuar para proteger cuando exista riesgo. El acompañamiento se fortalece con coherencia y con adultos dispuestos a rendir cuentas.

Escuchar es una responsabilidad de los adultos

Santiago 1:19 ofrece una orientación valiosa para la conversación: estar dispuestos a oír y ser cuidadosos al hablar y enojarnos. En la familia, esto puede comenzar con una decisión sencilla: dejar a un lado el teléfono y permitir que el joven termine de explicar lo ocurrido antes de responder.

Preguntas como qué sucedió, cómo se sintió y qué apoyo necesita abren una conversación más útil que una burla o una acusación inmediata. Escuchar no obliga a aprobar cualquier conducta. Permite comprender mejor, explicar los límites con claridad y buscar una respuesta proporcional a la situación.

Durante esta semana, acuerden un momento para conversar sin interrupciones. Cada persona puede compartir una preocupación y una meta. Si aparece una situación de violencia o abuso, la prioridad es proteger, buscar ayuda competente y evitar culpabilizar a quien la sufrió. La oración y la orientación bíblica pueden acompañar esas acciones concretas de cuidado.

Mensaje de referencia

En la semana de la familia de IPUC Corinto, Luz Marina de Galvis habla a los jóvenes sobre sus decisiones y llama a padres y líderes a escucharlos. La exposición considera Eclesiastés 3:12 y la búsqueda de una alegría que vaya acompañada de hacer el bien. Esta reflexión editorial desarrolla esos temas sin reproducir testimonios personales del mensaje.

Predicación:  Luz Marina 

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