LA VIDA INTEGRAL DEL CRISTIANO Y LA ENTREGA TOTAL A DIOS
¿Qué hubieran hecho los discípulos si se forma esa tempestad tan terrible y Cristo no hubiera estado ahí? Pero él estaba. La vida espiritual es primero. Y tenemos que hablar de la vida, porque la familia es precisamente el desarrollo de la vida. La vida tiene dos grandes áreas: el área natural y el área espiritual o trascendental. Uno no puede dividir el cristianismo entre religión por un lado y actividad laboral por el otro. La vida del cristiano es una unidad indivisible, y las dos dimensiones tienen que encajar perfectamente, porque si no encajan, nada va a funcionar.
El fanatismo no sirve. Decía un pastor que hay personas tan santas en la tierra que no sirven para nada en el cielo. Si alguien se vuelve un religioso fanático, pierde su utilidad. Aquí necesitamos creyentes balanceados, personas normales que comprendan con madurez la vida cristiana, que entiendan su relación personal con Dios, reconozcan sus responsabilidades diarias y ubiquen cada cosa en su debido lugar. Así es como opera la vida real.
El equilibrio entre la vida natural y la espiritual
Yo tengo una vida natural y una vida trascendental, pero ambas conforman una sola unidad. En este momento estoy realizando una labor espiritual, pero no dejé mi cuerpo en la casa. Mi cuerpo está aquí y mi espíritu está aquí; y cuando me baje de este lugar, mi espíritu no se va a quedar sobre la plataforma. A dondequiera que yo vaya, voy con los dos. Por eso nadie puede excusarse diciendo: «Es que la vida espiritual es una cosa, pero usted sabe cómo es el mundo». No, el mundo no es la excusa. Tú eres como eres. No le eches la culpa al mundo, porque nosotros tenemos a Cristo morando adentro.
La vida del cristiano es una unidad y las dos cosas tienen que encajar bien o no va a funcionar. A Dios le gusta la gente balanceada.
La vida de tu familia, la tuya y la de tus hijos es integral. Si te preocupas únicamente por la parte religiosa, vas mal; y si descuidas lo espiritual por atender solo lo natural, también vas mal. Hay que poner cada asunto en su sitio porque a Dios le agrada la gente equilibrada. El que cojea tropieza, y no estamos llamados a cojear. No existe contradicción alguna en vivir nuestra realidad cotidiana y nuestra fe de tal manera que ambas se compaginen en armonía.
La formación del carácter y la disciplina desde la niñez
En el orden natural es bueno que el hombre lleve el yugo desde su juventud, e incluso afirmo que debe llevarlo desde la niñez y desde la misma gestación. Muchas madres se preguntan por qué un recién nacido llora tanto de noche y no las deja dormir, atribuyéndolo a problemas del niño, cuando la causa radica en el ritmo diario. Durante el día la madre camina erguida, se desplaza y el bebé en su vientre va arrullado, sintiéndose cómodo con ese movimiento continuo. Al llegar la noche, la madre se acuesta a descansar; el bebé deja de sentir ese balanceo, se despierta, se mueve y comienza a dar patadas porque le cambiaron la rutina. Al nacer, el niño llega con el horario invertido: de día paseó y de noche se despertó.
Hablo de esto con conocimiento; tengo seis hijas y he aprendido que la vida demanda atención a todos estos detalles. Si de verdad nos interesa la familia, debemos prestar atención, porque muchas veces los hijos se extravían debido a que nosotros mismos propiciamos desórdenes. La Escritura nos manda a instruir al niño en su camino. El niño debe dormir de noche, y si tiene el horario cambiado, hay que reentrenarlo con paciencia: un baño de agua tibia al final de la jornada, alimentarlo adecuadamente, y en unos pocos días su ritmo queda corregido.
La disciplina es entrenamiento, no es golpetazos, ni gritos, ni insultos; es entrenamiento formativo.
La disciplina no consiste en golpes, gritos ni maltratos; la verdadera disciplina es entrenamiento continuo. Si las indicaciones médicas señalan alimentar a un bebé cada tres horas, debe cumplirse ese horario con firmeza. Si a los primeros llantos se cede por lástima desmedida, se rompe el balance y el niño aprende a manipular el tiempo. El muchacho que llega a la casa, abre la nevera sin permiso, come a deshoras y malgasta los recursos no nació con ese defecto; simplemente careció de un entrenamiento claro en el hogar.
El cuidado del cuerpo como templo del Espíritu Santo
El cuerpo humano responde al entrenamiento. Cuando se aproxima la hora del almuerzo, el organismo comienza a manifestar señales físicas porque fue habituado a comer en un momento específico. Si desatendemos esas alertas biológicas por trabajar una hora extra, los jugos gástricos terminarán dañando el estómago, y lo que se ganó en tiempo extra se gastará con creces intentando recuperar la salud.
La auténtica vida espiritual reconoce que el cuerpo es mor
